9 de febrero de 2012
El Tribunal Supremo ha fallado: Garzón es culpable. ¿Termina el culebrón? Teniendo en cuenta que quedan dos causas y una legión de seguidores para él, no ha hecho más que empezar.
Lo ha dicho el Tribunal Supremo, que no es moco de pavo: Baltasar Garzón es culpable de un delito de prevaricación, concurrente con haber violado las garantías constitucionales, acorde a lo expuesto en nuestro Código Penal (arts. 446 y 536, tal y como expone la sentencia). Queda así excluido de la carrera judicial, algo que, si nos molestamos en leer nuestra Ley, es perfectamente correcto.

No obstante, ésto no dejará de ser un juicio político. Así lo han querido, tanto múltiples partidarios como múltiples detractores. A mí, señores, ni me va ni me viene, claro está, tan claro como que Garzón es culpable de lo que se le imputaba.

¿Pero ha perdido Garzón? Me atrevería a decir que no del todo. Es cierto que para un juez quedar despojado de su toga es algo difícilmente superable. Pero tenemos que tener en cuenta que ahora Garzón tiene la oportunidad de convertirse en un mártir, el mártir último del franquismo. Porque, a pesar de que este fallo versa sobre otra cosa, sus partidarios se han molestado en juntar churras con merinas insistentemente, pasando en su versión alternativa de la historia Garzón como alguien juzgado por investigar la corrupción (será que ha sido el primer juez que lo ha hecho) y por investigar a su vez el franquismo, cosa más discutible.

Pero ninguna de las dos cosas es tal (y eso que no hablamos ya de la tercera): lo que ellos llaman "investigar la corrupción" no es más que vulnerar el derecho de un imputado a tener una defensa, e "investigar el franquismo" - a espera de resolución - significa en el lenguaje propiamente jurídico atribuir a fallecidos delitos prescritos, amnistiados y de los que él - y la Audiencia Nacional - no eran competentes; es decir, otro caso de prevaricación. Franquismo o no, es otro cantar.

El fallo hoy conocido hace prevalecer el Estado de Derecho, dado que nadie - por muy buena reputación jurídica e internacional que tenga - puede erigirse por encima de la Ley - se esté o no de acuerdo con ella - y vulnerar el derecho de defensa. Ésto hay que entenderlo de una manera tan elemental como que si se hubiera fallado en favor de Garzón se crearía un precedente nefasto reduciendo directamente el derecho de defensa, quedando más cerca de estados como Cuba que de estados como Reino Unido, por poner dos ejemplos bastante representativos de lo que estamos hablando.

Y así, en efecto, es como lo entiende el Tribunal Supremo: "En el caso, el acusado causó con su resolución una drástica e injustificada reducción del derecho de defensa y demás derechos afectados anejos al mismo, o con otras palabras, como se dijo ya por el instructor, una laminación de esos derechos, situando la concreta actuación jurisdiccional que protagonizó, y si se admitiera siquiera como discutible, colocando a todo el proceso penal español, teóricamente dotado de las garantías constitucionales y legales propias de un Estado de Derecho contemporáneo, al nivel de sistemas políticos y procesales característicos de tiempos ya superados desde la consagración y aceptación generalizada del proceso penal liberal moderno, admitiendo prácticas que en los tiempos actuales solo se encuentran en los regímenes totalitarios en los que todo se
considera válido para obtener la información que interesa, o se supone que interesa, al Estado, prescindiendo de las mínimas garantías efectivas para los ciudadanos y convirtiendo de esta forma las previsiones constitucionales y legales sobre el particular en meras proclamaciones vacías de contenido."


Pero da igual. Por mucho que la razón jurídica se imponga, jamás una STS será tan comentada y criticada como ésta. Así que, en cierto modo, y gracias a Pilar Bardem y Cía. Garzón conseguirá su aura de ángel caído por la flagrante injusticia con él cometido. Víctima del franquismo, oiga. Mir'usté que dígolo enserio, ¿eh?


PD. Excelente artículo de Iñigo Sáenz de Ugarte que recomiendo.

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Miguel A. Pazos Fernández
Soy joven y liberal. Me ha tocado. Igualmente estoy orgulloso de ello. Considero que la vida es un gran mercado donde nosotros reaccionamos a estímulos. Y un mercado no tiene que ser necesariamente euros. Al fin y al cabo, hay algo que no se compra: la propia vida.
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